lunes, 25 de septiembre de 2017

Viajar de noche





“Siempre puedo ir allá cuando quiera.
 Donde hay que resolver las cosas es dentro de uno mismo, no importa dónde se éste. 
Y eso lo estás haciendo aquí muy bien. “
Islas a la deriva, Ernest Hemingway

Un cuarto para las once de la noche. Sofía está en un avión, a su lado no hay pasajeros. Es casi media noche y tiene frió, trata de acomodarse para descansar un poco pero no puede y escucha música suave. Mientras el avión despega, se siente más frágil, más mortal. Observa por la ventana. Mira la inmensidad de la noche. Escucha algunas canciones que le recuerdan su adolescencia, observa con curiosidad las luces de su ciudad y busca entre la gente, a alguien que no aparecerá en un buen tiempo.

Ahora tiene 23 años y hace más de un año que no lee ningún libro que le interese, eso le preocupa. A Federico, su chico, le gusta seleccionar cierto tipo de lecturas para ella, está cansada de sus números, de sus borracheras alocadas, de las mismas palabras,  y empieza a odiar la forma que tiene de comer y ensuciar la alfombra de su sala.

Se deja caer el cabello largo por la espalada. Luego lo sujeta en una cola y piensa “debería empezar a sacar la novela de Murakami que tengo en mi cartera”, pero no puede. Hoy tiene los ojos hinchados por las noches de insomnio que la atacaron la semana pasada. Sofía  piensa en su chico y la forma en cómo se conocieron, él al principio era notable y sencillo. De modo que llega a la conclusión que ellos eran muy buenos amigos. Sin embargo, la mayoría de situaciones no andaban bien y han terminado en silencios incómodos.

Cinco para las once. El piloto anuncia: próximos a despegar, y mientras el avión se aleja de esa ciudad. Sofía, por fin puede respirar.  El avión vuela más alto he imagina que en algún lugar ella podrá ser feliz, con sus vinos y su computadora escribiendo. La verdad es que Sofia siente odio y pena a su chico, y sabe que estar en ese avión es el punto de partido para buenas cosas.
Quizás hay algo de ansiedad en ella esa noche. Se pregunta porque Federico y ella no sé llevan bien, de donde viene todo eso, porque se soportan, porque siguen en el mismo agujero negro, y ninguno de los dos se atreve a terminar con ello. Al final, tantos años de relación y todo se va a la mierda.

Sofía solo quiere escribir desde hace mucho tiempo. Y creé que es el momento indicado para soltar. El nunca podrá entender las razones por las cuales ella quiere ser escritora, y ella nunca entenderá porque su ciencia lo  hace a él más gris. Así que ahí lo supo, repara que de una vez por todas tiene que actuar. Sabe que ha perdido su sendero pero puede comenzar de nuevo. Es más: es  el lugar perfecto para volver a empezar.

Respira. Saca una libreta. Escribe: las cosas que debo mejorar y elabora un plan a corto plazo.
El piloto anuncia: tripulación en quince minutos estaremos aterrizando a la ciudad de Lima, disfruten el vuelo. Es Octubre. Sofía sabe lo que tiene que hacer. Ella es su nueva novia. Sabe que en algunos meses viajará muy lejos. Sabe que hay solo una vida y quiere nombrarla con varias novelas y cuentos. Primero va bajar del avión, va a sentir la humedad de esa ciudad en su rostro, va a tener los ojos bien abiertos para no olvidar de donde viene y a donde va.

Terminará su tesis en un mes, dividirá su tiempo entre trabajar y leer, y ahorrará todo el dinero que pueda, está creando un plan para sobrevivir a lo que se viene porque su camino le reclama fuerza y no fragilidad. Ser ella. Por eso está en ese avión, porque necesita terminar bien lo que se prometió un día, pues hay una parte de esa mujer que intuye que ese sendero, el que aún descifra,  tiene otro tipo de luz, otro tipo de destellos.

El avión aterriza y no pasa mucho tiempo hasta que su celular timbra con dos mensajes. Respira hondo y sabe que hoy se lo dirá, ya no puede estar con él. Quizás algo se rompió en ellos hace mucho tiempo. Por muy alocado que parezca, para Sofía es uno de los mejores días que ha tenido, sabe que nunca más lo volverá a ver. Es mejor que ella agarrará la maleta.

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domingo, 5 de marzo de 2017

Lo que toca hacer




“Things aren't easy
So just you believe me now
Don't learn the hard way
Just let me show you how…”
Hear Me Now -Alok, Bruno Martini

Olivia está por cumplir 24, hace casi un año que acabo la universidad, y ya. Ya está. Podría ser optimista al respecto y decir “ok,  voy a enfocarme y dedicarme a mi profesión y todo irá bien”, pero Olivia sabe que no se contenta con eso, por eso a medida que pasa cada año va descubriendo muchas habilidades que no sabía que tenía, como tomar fotos, escribir novelas, columnas en revistas, hacer su tesis de psicología y convertir a aquellos estudiantes en estrellas de rock darles la fortaleza para creer en ellos mismos.

Pasa las noches tejiendo la novela que cree que la hará escritora. Olivia tiene un sueño, y cree a toda costa que este se hará realidad, porque es terca y le pone mucho de su tiempo todos los días. Sabe que no es fácil, sabe que tiene que conseguir dinero para atender sus necesidades, sabe que es difícil ser escritora en el Perú, sabe que sus amigos cercanos se han enterado que lo suyo es las letras y la apoyan, sabe que tiene que terminar para este año la novela porque esa historia merece que la lean todos,  sabe que si fracasa lo volverá a intentar cinco o diez veces más pero no se rendirá rápido.
Olivia se inventa nombres cuando va a las discotecas de su ciudad, porque simplemente no le gusta dar su nombre así de fácil, mientras todos sus amigos bailan al amanecer ella prefiere observar su estrella y acordarse que tiene que terminar su novela. La mayoría de chicos que sacan a bailar a Olivia son menores que ella, quizás porque su rostro aparenta el de una chica de 18. A Olivia le gusta el mar, le gusta observar los pequeños detalles como sentír la brisa del mar, mirar el sunset acompañado de un vinito, escuchar música y jugar con la arena.

A la edad de Olivia el propósito parece ser predecible: encontrar estabilidad económica y crecimiento profesional. Lo cual no resulta ser malo, sino bueno. Sin embargo Olivia no entiende porque tiene tantas ganas de escribir y porque siente intereses tan distintos a los de sus amigos o personas que conoce. Le lleva un tiempo entender que todo lo que hace es por una razón todo lo que organiza es porque algún día vera los resultados y todo lo que siente aquella “sen-si-bi-li-dad”  no tiene que ser por nada, que quizás solo quizás algún día podrá aportar algo al mundo en el que vive y que su novela si valió la pena.

De alguna manera Olivia es Olivia, y así como cada persona es única en este mundo tan grande, lo que hace diferente a Olivia es sus ganas de querer hacer realidad sus sueños. No de la nada en febrero se da cuenta que si puede ser escritora porque no puede ser psicóloga, que quizás ahí este el verdadero reto.

El punto es que ella no es tan original como pensé, es la versión que elige de sí misma. Y sus sueños como el de otro puede ser músico o empresario, tienen el mismo peso como el de cualquier otra persona. Olivia se siente tranquila y le sorprende como algunas personas todavía creen en ella.

Así que Olivia hace un plan el cual implica vivir un día a la vez, tener una agenda y marcar el día que sustentará su tesis de psicología y marcar el día que entregará su novela a la editorial. Recuerda como día a día su computadora y ella saben la historia que escribe y eso la hace sentir orgullosa. Lo que suceda después, sucederá.

Pone primera a su auto negro, y sigue feliz.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Aquello que merece la pena vivir


“No hubo tiempo para calcular. Tuve que confiar en mi manejo de la altitud y la velocidad en mis miles de vuelos en más de cuatro décadas.” - Sully: hazaña en el Hudson

Es domingo por la noche. Hay un leve silencio en casa. Los dulces están listos a cualquier hora. El puré de camote. La música suave. El hombre que está lejos.  Las decisiones. Vivir el hoy y no hacer tantos planes. Ser firme. El viento suave. Las novelas por escribir. El tiempo que es oro. Creer en tu estrella. Creer más que nunca en ella, y cuanto más brille más fuerzas para seguir en adelante.
Tomarse las cosas con calma. Reírse de las cosas pequeñas. Abrazar las cosas que valen la pena. La amistad. La complicidad. Seguir practicando. Tomar las críticas como pequeños ladrillos para seguir subiendo. Convertir los no en sí. Dedicar tiempo a una tesis. Salir a la playa los dos solos, con nadie más. Hablar con él. Despedirse con tranquilidad. Desear lo mejor. Manejar al amanecer. Manejar sin rumbo. Escribir para transmitir. Levantarse y dar pequeños saltitos. Levantarse antes de las ocho de la mañana. Comer cosas saludables. Sacar a pasear a Sally, la pequeña labradora que hace gracioso los días.

Invertir tiempo en lo que merece. Alejarse de a pocos de lo que no suma y si resta. Una vez más, ser firme, desear lo mejor, alegrarse con las pequeñas cosas. Seguir descubriendo nuevas facetas de tu personalidad. Aprender a dar oportunidades. Viajar y conocer lugares pequeños.  Bailar con canciones alegres, dejar las canciones dramáticas para momentos que lo merezcan. Conducir con un playlist divertido. Respetar los espacios. No esperar tanto, relajarse. Cultivar el compañerismo, la buena onda.

Sentirse linda, tal y como eres. No publicar fotos con poca ropa, denota vulnerabilidad. Sonreír más, sonreír por que sí. Mirar a los ojos. Ver con tranquilidad la vida. No hacerse problemas. Reírte. No insistir. No celar. No reclamar. No discutir en fechas importantes. No esperar que luego de la agresión, todo sea como antes. Invertir el tiempo en cosas interesantes, lindas, divertidas. Entender que estar en silencio, es que todo está bien. Ayudar a personas que lo necesitan. No burlarte. No implorar. Ser de new age. Ponte en un lugar bueno, en un lugar que te de fuerza.
Entender que el amor también puede acabar, de un día para otro, y uno no siempre puede ganar. No hay contratos que te digan que alguien estará para siempre a tu lado. Aprender a perdonar, porque luego todo pasa, nada es para siempre y nada será tuyo.

Tener metas en el año, tratar de cumplirlas. Disfrutar de canciones como yellow de coldplay. Bailar en una sala sin que nadie te mire. Abrir tu corazón a nuevas cosas. Organizar tu día, tu habitación, tu casa mejor cada día. Dormir tranquila.
Amanecer de buen humor, porque hoy es un buen día y mañana harás lo que este en tus manos para que sea  bueno también. Cerrar la puerta de tu casa, darte la vuelta y decir a tu interior, que todo vale la pena que todo siempre tiene un porque.


Say cheers!



sábado, 7 de mayo de 2016

Tantas mujeres que eres




Por la mañana eres la primera en despertarse, luego eres la mujer que administra. Eres la mujer que crea desayunos con creatividad. Luego eres psicóloga. Eres secretaria. Eres abogada. Eres empresaria. La que tiene una agenda donde caben miles de pendientes inesperados y resueltos todos con frescura y tranquilidad. La que tiene dos o tres empleos a la vez. La trata de arreglar nuestros errores con dulzura y paciencia. Eres la mujer que camina buscando su estrella. Eres la mujer que nunca tuvo roto el corazón. Eres la mujer que celebra la vida y la felicidad. Eres la mujer que sueña. Eres la mujer que tiene ese tipo de brillo en los ojos que otras no.

Por la tarde eres la mujer que se pone más bonita. Eres la mujer que casi nunca está de mal humor. Eres la mujer que no se duerme. La que baila sola. La que espera. Eres la mujer que sede. Eres la mujer astuta.

En la noche eres la mujer que tiene paciencia. Eres la que no lanza dinamitas a su pareja. Eres la mujer que comprende. La que cree en el amor. La mujer que no se rinde. Que sabe perder y perseguir nuevos sueños. Eres la que perdona y deja ir. Eres la mujer que tiene un estilo diferente por ser simplemente quien es. Que estudia por la mañana y trabaja part time. Eres la que usa zapatillas, la que selecciona que tipo de tacos usar. Eres la que se esfuerza. La que sacrifica.  Eres la mujer que duerme casi siempre con una sonrisa en el rostro.

Los fines de semana eres la mujer que se divierte y su sonrisa brilla más en una mañana de domingo. Tu risa nunca se agota. Siempre perdonas, no sé hasta qué punto, pero sigues fiel ante nosotros. Eres la compañía cuando uno de nosotros enferma. Eres valiente. Eres la razón por la que nosotros seguimos creyendo en la voluntad. Eres el aliento y la puerta por la que descubrimos en nosotros que tenemos una habilidad, un talento y crees más que nunca en ello.

Estés o no, eres la mujer que nunca olvida decir buenas noches, te quiero. Como si todos los días tuvieran las mismas ganas, la misma continuidad, sin críticas, comunicando un amor que solo tú sabes y nosotros solo podemos imaginar.

En mis pensamientos, te conviertes en la mujer que brilla, eres la mujer que me alienta a escribir. Eres la mujer que está leyendo esto, y sabe exactamente lo que quiero decir.  Eres la mujer que nunca se olvida de lo que siento. La que me dice que cuando sienta un latido en mi vientre, este será más fuerte que todos mis miedos, que todas las dificultades que hayan. Y que para bien o para mal, me tengo a misma, y mientras haya bondad siempre habrá esperanza, amor, felicidad. Eres la mujer que dice que tu mereces lo mejor del mundo, que elijas lo correcto, que seas leal contigo misma.

Eres la mujer que está en el anonimato, podrías ser la estrella de rock sin embargo no necesitas ser famosa porque te basta tener a tu hogar junto a ti. Por eso eres la mujer digna de admirar.
Por ser  la mujer de las palabras mágicas. Por ser la excepción a la regla. Por decirme a vos alta, así suave como tú lo dices, que merezco lo mejor, que tengo un don una misión en este mundo y cuando encuentre mi propia fuerza, no habrá nadie que pueda interrumpirla.

Por ser la mujer que cree que soy una chispazo de dulzura.
Lo que no sé, es que para ti siempre lo he sido.
Gracias M, por ser tantas mujeres en vida. 
Te debo más que el cielo.



domingo, 18 de octubre de 2015

Todo se transforma



Eres así, te gusta escuchar música tranquila cuando caminas. Bañarte una hora y sentir el agua por tus manos, estirándolas, viendo como las yemas de tus dedos se arrugan y te haces más viejita. Te gusta guardar la fiesta en paz, ahora ya no es lo tuyo interrumpir los silencios ni volver al pasado. Te gusta mirar el atardecer sin decir ni una sola palabra, tampoco te molesta sonreír cuando quieres, ni ponerte los audífonos cuando te dicen improperios en la calle, o si el jugo de naranja que tomas todas las mañanas en la universidad te hará mal al estómago. Vives el día, te sientes bien, alejas las dudas, y comienzas a leer esa montaña de libros que alguna vez dejaste porque entraste en crisis de no sé qué. Te sientes tranquila, los fines de semana duermes pasadas las ocho sin remordimientos, ya no analizas, ella te psicoanaliza. Ya no importa si tu padre cree que la novela que escribiste es puro exceso de cosas que quisiste vivir. Tú eres así, tímida, tranquila, graciosa, y te sientes contenta con lo que ves en el espejo, te gustas y te sonríes. Ya no tienes miedo de contarle a el sobre lo que estás pensando escribir para tu segunda novela, quizás por qué no te juzga, no te critica, te escucha en silencio.
Has aprendido a que es mejor un silencio largo a decir una palabra por impulso, a pedir disculpas solo una vez, que no es necesario insistir, a que no puedes agradarle y gustarle a todos. Que puedes equivocarte y tratar de ser mejor persona.  A relajarte y ser despreocupada con las cosas que no puedes manejar. Has encontrado tu estabilidad, a creer que algunas cosas pueden ser eternas. Entiendes que es bueno hacer ejercicio al menos dos veces por semana, que es bueno para la circulación, la mente y para verte linda.  Empiezas a ordenar tu habitación, a no tener cosas que están demás porque puede haber gente que necesita esas cosas más que tú. Ya no le tienes tanto miedo a hablar en público, que solo basta con respirar tres veces y no pensar que harás cinco minutos antes de salir a hablar. Le has dado a tu chico confianza para que te cuente lo que le provoque, que no tenga pudor de nada, y que ante todo tus oídos también sean amigos. Él ha aprendido a no seguir en el mismo círculo de viento en contra, sabes leer sus gestos y su rostro, ahora ya sabes cuando está preocupado por algo o necesita espacio. Sabes que no debes hacer reclamos insulsos, que antes de que estalle la dinamita o que se hunda el titanic, es mejor guardar silencio y luego conversar con tranquilidad. Te sientes orgullosa de él porque todo lo está manejando con tranquilidad y hace ante todo su esfuerzo con naturalidad.
Estas organizando tus responsabilidades, te has propuesto aprender a manejar y sacar la camioneta de tu mamá a escondidas cuando tengas el brevete e ir sin rumbo como siempre quisiste y todo antes de llegar a casa a las seis. Ya no importa si quieres disfrazarte de loca para Halloween, y llevar pantis de colores y una falda con rasgados, te gusta reírte de lo que a veces pasa por tu cabeza. Valoras cada día. Intentas ser mejor cada día, no importa si te caes mañana, sabrás que siempre harás jugo de fresas en casa, estarán las estrellas para solo mirarlas, chocolate caliente en tu corazón, una hoja de papel y un lápiz para recordar las cosas buenas del día, los triunfos, las celebraciones, las derrotas y la calma que trae el día con tan solo vivir.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Carta a José




Querido Jo,

¿Sabes lo cuan orgullosa me hace sentir que sea tu hermana? Cuantas veces nos hemos abrazado con nuestros padres cuando los tiempos eran difíciles y tener un abrazo familiar era  saber que no estábamos solos, que siendo cuatro y no uno las fuerzas llegarían para contagiarnos a cada uno de nosotros, ahora que el tiempo ha pasado y estas por cumplir dieciséis te puedo decir que eres el mejor hermano y chico que conocí.
Si pudiera regalarte algo en tu día, creo que sería el poder de hacer las cosas bien en este momento, que siempre des una mano al que lo necesita, que no tengas miedo de dar tu nobleza , que aunque los caminos y las lecciones de la vida sean duras siempre hay la posibilidad de encontrar una solución mientras el viento sigue soplando y el sol brille como lo hace todos los días, nunca dudes de tu valía y tu capacidad de ser brillante, eres genial tal y como eres, guarda el control con las situaciones que no puedes manejar, respira hondo y sonríe. Es cierto el secreto que escuchamos todos los días en el desayuno, ¿lo sabes verdad? Estoy segura que sí, es el de dar gracias por tener un día más de vida y poder dar algo bueno al mundo. No tengas miedo de equivocarte y luego pedir perdón, siempre se agradecido con hechos y no con muchas palabras, refúgiate en Dios, él es tu centro y te protege hasta el final de los tiempos. Contagia siempre que puedas tu magia, tu sonrisa. Recuerda que la palabra no, también es válida. Que los que te quieren están ahí en los momentos más difíciles y más bonitos. Que tu familia siempre estará allí, que aunque pasen los años y encontremos en nuestros padres un par de canitas no muy verdes, podremos siempre escucharlos, dejarnos guiar por su sabiduría y al final ellos en su sabiduría nos darán el poder de tomar decisiones, porque siendo humanos y nos equivoquemos cien veces hay novecientas veces más para levantarse.
Me gustaría que fueras correspondido siempre en el amor, pero tendría que tener una varita mágica para que eso siempre suceda, algunas veces te iras con el corazón un poquito resquebrajado y  entre las manos, debes aprender a perder, otras tendrás que decidir y alguna única vez y con certeza sabrás que la chica que tienes al frente es la que te ama tal y como eres, es tu amiga, tu compañera en los momentos de profundos aprendizajes y luego de un largo recorrido podrán seguir siendo los mismos compañeros y amigos pero esta vez teniendo más sabiduría cada uno, de igual manera que el amor es un regalo de la vida, debes estar siempre preparado, guardar la calma y respetar el tiempo que es el que tiene todas las respuestas. Ten siempre paciencia. No aceleres las cosas. Cuentas siempre conmigo y siempre estaré allí para ti. Nunca te rindas,  lucha por tus sueños, intenta ser feliz, enfócate en lo positivo, no dejes que nadie te haga pedazos, recuerda que solo tenemos una vida y está hecha para que la vivas, aprende siempre de lo bueno, recuerda que siempre todos nos equivocamos y un día también lo harás, aprende a  perdonar, no apliques nunca la violencia, todo se puede decir con tranquilidad, no desprecies al que es diferente, no grites, no te burles del dolor ajeno, recuerda que todos estamos aprendiendo, sigue intentado hasta el final, recuerda que eres genial y eres muy importante, tienes siempre todas las herramientas para salir adelante. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Dónde estás?


No sé. No sé en qué preciso lugar te encuentres ahora, si dejaste los cigarros y los cambiaste por la coca cola helada, si sigues perdido en esa maraña de emociones sin poder escapar, si aún te involucras con la cerveza y el vodka al punto de llegar al blackout, si caminas por ahí como un zombie fingiendo que todo está bien, cambiando de relaciones como si fueras a cambiar de jean, si tu sinceridad termino por esconderse en la crisis de la segunda guerra mundial, si te vas a la cama y lloras por no funcionar como quieres. Si te sigues emborrachando, comprándote ropa, y comiendo las toneladas de helado para suprimir la verdad.
Te quiero decir, que donde sea que esté tu mente ahora,  el único con el poder necesario para poder mejorar o empeorar las cosas eres tú. No hay tal forma de ayuda externa que pueda mejorar tu estado de ánimo, al menos eso creo yo. No creas que el knockout que te ha dejado en el suelo será tan fácil de superar, cuando pase de ronda 10 tú estarás parado y listo para lo siguiente, cuando tengas las benditas ganas de levantarte tu nariz estará rota, con la ceja partida, sangrando y sangrando, lo mismo pasa con los sentimientos y las crisis emoooo-cio- na-les. Es una shit. Puedes estar ahí parado para tu siguiente round, pero cuando menos lo pienses el tío dice fight y tú ya estas abajo otra vez. Las cosas van así, pasadas de la raya ¿no?. Ahora no sé si te sigues hablando con ella o con él. Si tu mente se perdió en la moral que te enseñaron en casa. Si no puedes seguir tus impulsos naturales por miedo. Si hacer lo correcto y ponerte la máscara de caballero y señorita te siguen perjudicando cada vez más, no sé si me dices la verdad, aún no sé, solo tú sabes.

Lo que quiero es que te olvides de todo conmigo, de los prejuicios, de los tabúes, de los estereotipos, de la que está bien y lo que está mal, olvídate de todo, habla, deja salir lo que está a punto de estallar en tu cabeza, olvídate por un momento si eres un perdedor, y si ganaste en lo que tanto querías. Con lo que pasa a diario, créeme que no puede haber algo mucho peor que no ser sincero y estar maquillándote cada día para guardar las apariencias, sea lo que sea igual vas a sobrevivir, aún si eres mediocre o exitoso, realmente no me interesa, lo único que basta para mi es lo que tu sientes en este preciso momento. Todo lo demás se lo puede llevar el viento.
En este preciso momento te juro que realmente no sé en qué bendito país recóndito de tu cabeza te encuentres, no sé si quieres tomar un avión y sincerarte contigo mismo, si tu verdad habla mediante tus manos sudando y temblando, si con el pudiste ser sincero y el bendito final feliz se transformó en la pesadilla andante, no sé, por más que trate las soluciones no están conmigo, las tienes vos.
La verdad es el comienzo, los errores no cuentan y las gratificaciones no me importan, sea lo que haya pasado solo quiero que vuelvas a encontrar una dirección donde sea que te hayas perdido, tomes aliento, y siguas adelante con tu vida, para dejar ir tienes que soltar. Sea lo que sea, el que quiere que se quede, y el que no se va. De cualquier manera, tu vida es la tuya.
No sé dónde estás. Pero donde sea que te encuentres te quiero decir, que estoy allí contigo, en ese donde sea que estés. ¿Ya puedes venir, porfa?

martes, 23 de diciembre de 2014

Ecco de una mañana de graduación




Verano 2010  exactamente 1 de enero, año nuevo, nuevo comienzo, en una playa cercana de Arequipa, descalza caminando por la orilla del mar, con un vestido corto blanco y algunos rulos en mis cabellos esponjados por la temporada.  Las pequeñas partículas de agua salada que salpicaban en mis pómulos. Con 17 años y con temblorcitos en las manos queriendo germinar decisiones propias de la edad, una de ellas: estudiar o no con una carrera que según yo en ese tiempo le robaba el tiempo a mis ganas de escribir y lo que llamaba mi “cono de helado” y me hacía feliz. Muchachita terca, amiguita de las novelas negras, chiquita dormilona en las clases del colegio, hijita desafiante, chica tranquila, señorita flaquita. Apodos, etiquetas, nombres.  Etapas.

Ahora mismo son las 7:35 de la noche, es 21 de Diciembre 2014,  ya no existen los apodos, nombres o quizás sí, pero hace algunos meses que no tardaron en olvidarse e irse con el viento para la chica que escribe esta columna. Los tiempos son como una simple hoja de papel que se deja llevar por el viento casi siempre moviéndose. Hace dos días acabo de asistir mi ceremonia de graduación vestida y arreglada para la ocasión con una toga y sombrerito popular del graduado. Quizás al momento de entrar a la ceremonia y zapatear con unos divertidos tacos negros supe que todo lo que está hecho simplemente esta hecho, las cosas pasaron y no debieron suceder de otra manera. Ver a mis compañeros sonriéndose y abrazándose de alguna manera me hizo recordar como entramos todos hace cinco años a la universidad, con curiosidad, responsabilidad, risas de aún chiquillos zalameros, con zapatillas, cabellos largos, modas de ese tiempo, y con ganas siempre de aprender.

Primera entrada, primer acto (como mi profesora lo dice la vida también es una puesta en escena) nosotros entramos, los asistentes curiosos nos buscan con las miradas, nos sentamos y como en un saludo muy formal nos sentamos en los asientos todos a la vez, yo estoy buscando con la mirada a esos seres que querré por siempre, a ese chico que me hace sentir la chica más feliz, de pronto los protocoles siguen, mis compañeros dan su discurso yo con el cuello torcido por el orden de los asientos me dispongo a ver con total entusiasmo como uno a uno dan a conocer sus sentimientos.

Segundo acto, es hora de escuchar mi nombre, quiero no tropezar, quiero que las piernas me dejen de temblar un poco, quiero dejar de hacer muecas raras y ponerme tranquila, pero es casi imposible, esto es demasiado real, yo estoy acabando la universidad. Respira y con calma me digo para mí misma, cuando vuelvo a respirar un poco más, escucho mi nombre completo, es hora de subir, es hora de dar gracias, la hora indica en el reloj que es hora de acabar una etapa y dar ante todo gracias. Me dispongo a hacer saber la gratitud sincera al señor rector, le escucho decir mi nombre y de inmediato le digo: gracias, gracias por todo su apoyo.

Tercer acto, casi se acaba todo. Momento de sacarse los sombreritos negros, nos es necesario más palabras, el momento habla por sí solo, los sombreros salen volando de nuestras cabezas y salen a liberarse en el cielo que es despejado. A volar y a donde quieran caer. A seguir soñando y lograr lo que era para ti imposible. Lentamente es el momento, el segundo llego, los bailes universitarios, las amanecidas, las practicas, el cebichito de todos los días, el día de exámenes finales, las exposiciones, el baile a media clase, la broma del profe, y las risas de lo que fuimos alguna vez: universitarios, ha terminado. Fin de escena.
Antes  y esta vez yo sí tendría que decir algo quizás como manera de despedida o quizás de bienvenida, gracias a todos mis profesores de psicología, a cada una de las autoridades de la universidad por creer en mí y ayudarme a hacer posible uno de mis sueños publicar mi primera novela y mucho más por creer en mí, a esta muchachita terca que les estará agradecida siempre. Gracias por darme la valentía de creer en mi misma,  por ayudarme a ser constante y a descubrir en mi las virtudes que no pensé tener. Gracias cato, gracias por todo. Nos veremos pronto, yo sé que sí.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

La magia está ahí


 
La noche está llegando, el sol se oculta, los paisajes del patio trasero de mi casa se van iluminando con unos colores especiales, los veo a través de mi ventana, hay canciones tranquilas en el reproductor, los carros que se ven a la distancia leventemente van desapareciendo, y el sol se va despidiendo una vez más, ella llega a almorzar algo tarde, él decidí prender la televisión, yo con algunas gotas de agua por mi frente me pongo a observar la tarde o lo que queda de ella, a veces pienso que algunas circunstancias de la vida son así, las buenas oportunidades se van un tiempo, y otras aparecen en un mejor tiempo, mis labios se mojan un poco con el jugo de naranja que encontré en la refrigeradora casi vacía, las miradas desaparecen de pronto con un adiós, estoy sola en casa.
Hay tiempo para seguir observando lo que queda de la tarde, y el sol que parece una media naranja brilla más fuerte, y su intensidad va esparciéndose en el cielo, hay imágenes que me asaltan, palabras, risas, y algunos recuerdos de aquellos años en los que era más joven, y pienso en este año, desde enero hasta este mes, acercándose la navidad, encontrando lo que está guardado aquí adentro, veo a mi mamá corriendo por la playa y jugando a la pesca con toda la familia, veo a mi papá con una sonrisa de tranquilidad después de salir bien de su operación de la pierna, veo a mi hermano menor cada vez alejándose de la niñez y entrando a ese mundo tan complicado que es la adolescencia, hay algo que no cambia, la casa, el ambiente que tiene, hay cosas que se remodelan, cosas nuevas y cosas que se van, pero ciertamente el ambiente sigue siendo el mismo, es mi hogar.
Pienso en los viajes que he hecho durante todo el año, sé que mi segunda pasión es viajar, antes que un bolso prefiero un viaje, no hay algo más exquisito para mí que conocer otras realidades, veo a “L” en mi cabeza y veo su sonrisa cálida y casi que puedo sentir sus abrazos, veo los días en mi cuarto antes de publicar la novela, jalándome los cabellos y respirando para que todo salga bien, veo el día de Agosto, veo mis caminatas por la noche, los aviones, la universidad, los exámenes de fase, es curioso que en un minuto tanto pueda invadir y aparecer en la cabeza de una.
Falta un mes para que acabe el año, las cosas desprevenidas son las mejores que han pasado, hay otras en las que la miseria ha terminado y la calidad está en las nuevas.  Hay tiempos que terminan y otros que comienzan, eso lo sabemos, lo que suaviza lo inevitable es la forma, la primavera, la magia de los niños riéndose, esos pequeños momentos en lo que las modas y lo banal nunca podrá alcanzar, llegar también a hoyos profundos de análisis y ambientes tranquilos es exquisito, quizás solo algunos lo entendamos, algunas estamos hechas para estar en casa tranquilas viendo una película y desechando la fiesta con las fotos azules, es cuestión de ser y no ser.
 
Ya es de noche, ya no hay sol, no hay más colores deslizándose en el cielo, ya no se ven los colores del paisaje. Hay estrellas, hay pequeñas brisas que hacen sentir que son nuevos comienzos como los de casa, que siempre será mi hogar.
Quizás eso es mi regalo de navidad, tener a mi familia cerca, a “L” sonriendo, a mis amigos,  al hogar, al dulce hogar, a la candidez de tener un jugo de naranja y sonreírme para misma, esa sencillez única y tan confortable, hace que despierte y vea la hora, salgo y ahí está: es la vida.
 
 

 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Destellos de Octubre




Es verdad,  Ernest  <<Papa>> Hemingway  me acompaño en el tren a Aguas Calientes,  con cada una de sus líneas, es como sí el estuviera ahí sin estarlo. Yo saco la novela de mi bolso, la abrazo con mis dedos, toco la textura de las páginas. Thomas Hudson también está ahí sin estarlo. Minuto 3:09 de All I need – Radiohead, suena en mi cabeza. El libro, Thomas, el tren, los asientos, las montañas, una especie de éxtasis  mirando por la ventana, la mariposa mostaza que se queda y parece que también va con nosotros. L está a mi lado, me da un beso en la mejilla, veo sus ojos color café hay algo que no sé definirlo con palabras, me basta decir que es la quietud, la luz del sol que lo abriga, el saber y no saber porque estamos ahí, los cómplices y amigos de un camino que no conocemos. Miro tranquilamente las montañas, las líneas del tren, y me es inevitable no pensar que quizás todos estamos destinados a un destino único, donde la vida nos cuestiona y hurga en nuestros sueños más profundos.
Esa es la maravilla y la maldición de perderse en los pensamientos luego despertar y encontrarnos en nuestros asientos, donde no hay nadie al frente, viendo  como uno a uno los pasajeros entran al vagón A, y por un minuto las puertas ya empiezan a cerrarse, las oigo desde lejos, el tren empieza a dar unos pequeños movimientos, como si nos hiciera bailar un vals lento y seguro, de a pocos, lento a paso lento, un hombre se sienta al frente nuestro, parece cansado del mismo recorrido, y hablando tres idiomas distintos en menos de cinco minutos, nos sonríe y luego de dar sus palabras de introducción a un grupo de turistas, se sienta pasivamente en su asiento, normalmente cuanto es lo que se demora el tren para llegar Aguas Calientes le pregunto, una hora y cuarenta y cinco minutos no más, me dice, toma su gorro, se cubre los ojos y hace la siesta.
Tomo mi cámara, hago fotos de lo que veo, siento que esa tranquilidad de llevarme a un lugar exquisitamente increíble me hará soñar y gritar en silencio que ese, mi infinito puede ser un poco más maravilloso, regalarme lo que necesito, el olvido para poder reír, dejarme llevar por la marea, dejar de pensar tanto en el verano y el adiós largo a Perú, pero cuando se quiere olvidar y no sé puede reír queda llorar en silencio, yo preferí reír con L, soñando que nuestro infinito puede ser real,  que esos árboles rebeldes que vemos en el camino podemos domesticarlos y  pueden ser parte de nosotros, y mientras nuestro tren avanza podemos dejar de tener miedo al simulacro del próximo año, él irse, yo quedarme, yo irme y el quedarse, más.

Estoy tomando una infusión de manzanilla y  veo que el camino se pone más maravilloso, el río que por lugares  es salvaje y tranquilo, casas lejanas como sin sus habitantes quisieran retirarse de toda civilización conocida de nuestro mundo moderno, gente que nos saluda y pesca en el río salvaje, una bandera flameando en lo alto, unas montañas que cada vez se ponen más grandes, los caballos que corren libres y casi riendo, el sol que se oculta y da paso a la neblina, el destino único, Thomas Hudson que me invita a pasar a su mundo, conversaciones largas e intercambio de pensamientos con L, el largo camino que pasamos, las risas, las fotos, el viaje, mi isla a la deriva que tendré pronto, quizás más pronto de lo que imagino, el beso largo y la canción que está en mi cabeza, wait, sus ojos y la estrella que está en la noche y queremos conocer, las hojas de los árboles que se mueven con el viento, el aire puro, las palabras de bienvenida, una pausa, se detiene el tren, no hace falta más en nuestra magia, pero yo sí tendría que decir algo, lo que siento, y que quizá él no sabe, los pasajeros cosmopolitas bajan, nos quedamos últimos, mi corazón late rápido, antes de bajar veo las montañas, siento el aire, los árboles en todo su esplendor, no hace falta más, pero tampoco debo callar, otra pausa más, el libro en mis manos, el sombrero verde  y mis cabellos volando, la chica de las frases, los aretes dorados que cuando chocan parecen dos campanitas, no hay que callar, soy feliz, encontremos la estrella le digo. Taylor como así la llamamos, nos espera viendo la noche, ella es única. El amor es este, juntos, unidos, pasa, yo lo abrazo y  cito a Rodrigo Fresán: como una isla en el mar. Sin más peces ni submarinos que perseguir. Y a la deriva.   
 

martes, 2 de septiembre de 2014

¿Estás ahí?




Sería más que divertido que me vieras corriendo como lo hago ahora, corriendo más rápido de lo que alguna vez corrí, deslizándome como un gusanito para correr entre la gente que pasa y pasa.  No te imaginas como me siento ahora, me siento inquieta, feliz, mi corazón nunca ha latido tanto por algo en especial. En el playlist de mi iPod que anda en modo aleatorio ha tocado una canción que me lleva a una situación increíble, no te diré la canción, solo quiero que imagines que estoy viendo el cielo, que en la inmensidad de la noche, estoy respirando más agitada y que mi corazón palpita más rápido que nunca. Quiero que sepas que estoy feliz desde donde estoy ahora, en un parque cerca a mi casa. Estoy sola mirando las estrellas. Contemplando la inmensidad de la noche. En mi mente hay una serie de imágenes que revolotean mi corazón, por eso prefiero estar sola esta noche. Prefiero guardarme algunas lágrimas para mi ¿me entiendes? Es como algo personal que hago conmigo misma, prefiero por eso contarte.

Lo que hay ahora es un trayecto el cual no puedo dejar de pensar, personas que me han ayudado, huracanes oportunos, mis mejores amigos y yo jugando cartas en verano. Más. Más. Más cosas que se me pasan como estrellas fugases. Caminatas intensas. Terquedad absoluta. Amor a la literatura.  ¿Puedo imaginar donde estas ahora? Discúlpame si improviso. Yo te imagino tranquilo y tranquila,  tocándote el corazón con cada una de esas palabras que he escrito en mi primera novela. Que mientras avanzan las hojas, y llegues al final, sientas que como yo sentí al escribirla tu corazón palpita más rápido, tu imaginación vuela a la estación de tren y sientas como tu corazón, tus manos, tus ojos, tu mente vuela más alto.

Ahora me he levanto de donde estoy, y me he puesto a correr otra vez, la gente empieza a mirarme, alguien me detiene y me dice si estoy bien, contesto rápido y le digo: estoy feliz. Ríen hay risas. Y Mientras mis cabellos se enredan con mis audífonos corro más rápido olvidándome de todo. Veo las estrellas que adornan mi noche. Es como si estuviera manejando un coche a toda velocidad. ¿Has sentido alguna vez algo parecido? Por primera vez en mi vida siento algo como esto, es como si este momento, este preciso momento mi corazón estallase y no sé muy bien porque. Mis ojos únicamente se concentran en la calle. Quiero creer encontrarte a la vuelta de la esquina.Te podría decir también que la vida consiste en vivir el momento, sintiendo cada cosa intensamente, que después de cada situación fea, triste, bonita, alegre, genial, desafortunada, aburrida, estupenda, tonta, tediosa, dulce, encantadora, complicada, esperanzada, única, simple y más… más… debes saber que siempre existe el cielo para creer.

No sé qué vaya a pasar después, la verdad no tengo la menor idea,  llevo más de 15 minutos corriendo a toda prisa. Mi corazón está a punto de explotar y quiero creer que te encontrare a la vuelta de la esquina. Pero sé muy bien que eso no va a pasar. La vida es así. Pero sabes, estoy sonriendo porque no sé si lo que veo en el cielo me está dando la oportunidad de creer, crear y sentir que soy completamente dueña de mis palabras. Quiero que sepas que donde este, lo que pase, lo que está pasando, tu sientas que eres dueño y dueña de tu vida. 
Y que la sonrisa que está dibujándose en mi rostro nunca la olvidare. Me detengo. Tiempo. Hoy el cielo también es real.

Nos vemos pronto.
  

martes, 12 de agosto de 2014

Dama de hierro



Cuando escucho a mamá en mis tardes soleadas, a mis tías, a mi abuela, a esas personas que me llevan muchos años con plena sabiduría, he escuchado casi siempre hablar de una persona en particular.  Una señora con cabello cano y moñito bajo, bailarina, alegre y ejemplo de seguir. Escucho entonces con atención esos relatos, esas pequeñas historias que la mayoría de veces están en las palabras de mi madre y de mi abuela, como si esa mujer, esa dama de hierro estuviera presente en cada reunión familiar, en cada situación trascendente, y lo es.
Quizás una tiene que ver más cerca, un poco más cerca, para darse cuenta que hay personas que nos marcan para siempre. Si mi bisabuela Julia Elena estaría viva hoy en día no tengo la menor duda que podría ser una esas abuelitas llenas de fe en sí mismas, en el amor, en la paciencia, en la integridad y quizá quien sabe podría hasta ser catalogada como una feminista, porque su fuerza supera niveles físicos y su amor engancha uniones familiares siempre.
Lo sé por la familia de mamá, lo sé porque en cada una de las reuniones familiares cada año, ella, esa señora, esa dama sencilla y natural nos deja esos momentos geniales para compartir hasta hoy. No es ninguna sorpresa, ella lo cultivo, fue tenaz, fue paso a paso, gota a gota logrando el esfuerzo para darle lo mejor que podía a sus ocho hijos, siempre lo mejor. Sonriendo, porque en cada relato de mis tías esta ella, está siempre destacando la mujer bella, paciente, simpática, voluntariosa y llena de fe, llena de amor, para ver  sonreír a sus hijos y su familia pesar de todos los problemas.
No existen los momentos ordinarios. Estoy segura que ella me lo hubiera dicho hoy. Recordarla e imaginármela  sin haberla conocido, me alienta a seguir con los retos. Porque es digno de admiración que una mujer sonría a pesar de que todo el mundo venga sobre ella, mi bisabuela era una guerrera, y esa guerrera nunca dejo de hacer lo que más amaba.
Les enseño a cada de sus nietas a bailar en piso rojo lleno de alegría, enseñándoles que las personas más difíciles de amar son las que más lo necesitan. Enseñándoles que lo que realmente importa es estar presente plenamente en este momento, aquí, ahora. Contagiando su buen humor, a todos los que quisimos conocerla, a todos los que conoció porque esa mujer genial estaría riendo pacíficamente y diciéndote a ti,  sí a ti, que: si pierdes el sentido del humor, estas perdido.
Ella rompió los esquemas la mayoría de veces y donde el hábito es el problema. Cuando caigo en momentos de desesperación y no sé qué hacer, lo único que se me ocurre es salir a caminar escuchando música, no busco sentirme bien ni peor de lo que estaba, solo camino y recuerdo inconscientemente que me da ganas de tener su fortaleza. Cuando pienso que lo peor está por venir, solo me relajo, me fijo en detalles que me mantienen a salvo e imagino una sonrisa suya, me alienta recordarla porque aunque no esté aquí, sé que el truco no está en ser diferente o completamente igual al resto, solo se trata de autenticidad, ser tú, dejar que las cosas fluyan y vayan de a pocos, mi bisabuela era un mujer genial, cuando alguna vez escucho una de los consejos de mi abuela, recuerdo que en sus palabras esa dama de hierro es trascendente en actos, en palabras y por ser quien es.

    

viernes, 30 de mayo de 2014

Correr como el viento





El penúltimo sábado de mayo vi a una muchacha de cabellos largos corriendo desesperadamente en el parque cerca de donde vivo, su vestimenta era casual por lo cual deduje que no se trataba de alguna rutina de ejercicios por la noche, las lágrimas caían una y una y otra vez por su rostro. Ella estaba como tratando de huir de algo, corriendo desesperadamente entre la maraña de autos estacionados, personas jugando básquet y chicas saliendo en grupo. Era la primera vez que veía correr a una chica elegante. Por momentos yo ahí sentada en el pasto me puse a observar como esa chica corría tratando de salir o entrar en un lugar que ella solo sabe. Sucesivamente se perdió de mi vista  y no pude lograr ver a donde realmente quería llegar.

Recordé entonces aquellas épocas donde muchos y muchas nos hemos sentido en peligro, donde correr y solo correr de muchas maneras solo funciona, como si todas las dolencias se sanaran como si el fuego de la desesperación se apagase corriendo, solo corriendo. Me inquieta saber qué habría pasado por su mente para correr desesperadamente. Entonces ahora sé que si ella si se hubiera detenido y su respiración estuviese agitada y su cabeza estuviera llena de pensamientos que la obligan a salir o entrar a un lugar, me hubiera acercado a ella, dándole solo un abrazo, porque reconozco que nadie está solo y nadie es una isla. Que solo tiene que abrir la mente y dejar que las cosas vayan a su ritmo. Que haya tenido el problema que haya tenido si pierde el sentido del humor, está perdida. Que no hay momentos ordinarios en la vida. Diciéndole que el hábito es el problema, y que  todo lo que necesita es tomar consciencia de sus elecciones… y responsabilizarse por sus acciones.

Que confié en sí misma, que no se trata siempre de proyectos, metas y objetivos, que la belleza es disfrutar del recorrido, estar conscientes de cada respiración, si ella se detiene dejamos de existir… Porque la vida es está y nos regala momentos imborrables siempre.

Probablemente ella me hubiera dicho que no comprendo nada de lo que le sucede y que se pasaría toda la noche contándome su larga historia, no lo sé, pero hubiera sido de una manera amable ayudar a alguien que se siente en peligro y que corre desesperadamente por las calles llorando. Le diría por último que también reconozco esos sentimientos y esa actitud en una persona, en mi misma, y por más que se sienta sola y ajena a todo lo demás, siempre necesita observar que hay una filosofía adecuada para estar a salvo, para vivir en el aquí y en el ahora sin ser totalmente hedonista y nihilista. Que sonría, porque  hasta en los peores momentos hay algún tipo de belleza, porque está viviendo.


Porque la perfección esta en esas pequeñas idiosincrasias que solo ella conoce y que aunque quizá no sabe aún el secreto y que no lo conoce, debe saber que ella es una mujer. 



domingo, 18 de mayo de 2014

La vitalidad de recordar.


Las mañanas son soleadas cuando nuestros recuerdos  no son solo una estrella fugaz que pasa y se queda atascada en nuestros días, sino por lo contrario, es una motivación para ser cada día mejores. En el año 2010 un buen grupo de muchachos y muchachas nos encontramos en un ambiente nuevo, rodeados por ese ambiente que  tanto pronunciamos: universidad, compartiendo de alguna u otra manera expectativas para ser grandes profesionales, cultivando nuestros aprendizajes diarios con conocimientos que nuestros profesores nos proporcionan a diario. Ha pasado tiempo desde entonces,  y ahora estamos en camino de lograr lo siguiente: sueños, metas, estudios, vivencias y vida. Continuando por ese largo camino que consiste en aprendizajes diarios, en seguir y no desmayar por cada uno de nuestros sueños.

Los días entonces se vuelven más atractivos,  ya que estudiar Psicología, es una carrera que nos hace más humanos, más empáticos, más simpáticos, más pacientes y nos hace mirar situaciones de cerca, un poco de cerca.  Las enseñanzas y el compañerismo no solo nos hacen compañeros de carpeta y más adelante colegas, sino también amigos, con los cuales podemos compartir ideas, anécdotas, recuerdos. Tolstoi decía: Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios. Nosotros lo hemos visto en cada una de nuestras prácticas y estudios, porque en una de las conclusiones esta que: uno dice  más con los hechos que con las palabras. Ayudar entonces significa mucho más de lo que creemos, solo tenemos que ver un poco más de cerca.

Cada momento que pasamos juntos, no solo forma parte de esa estrella fugaz sino también de un valioso y autentico recuerdo, un momento imborrable. Hay luces, hay decisiones, hay estudios más adelante, hay viajes, hay sueños y metas por cumplir y sobretodo amistad. Gracias chicos de quinto año porque en lo personal,  he compartido momentos imborrables como los de hoy y como los de antes, que hacen que se forme una sutil sonrisa y crea profundamente que el tiempo que hemos pasado juntos y el de cada uno de las promociones de la universidad,  es genial y nos llevara a cosas geniales y a momentos imborrables.



sábado, 12 de abril de 2014

Te puede suceder hoy





Renato es un muchacho de diecinueve años poco convencional, aficionado al deporte de aventura, lector voraz, sencillo y apasionado por hacer dibujitos a todas horas.  Lleva puesta una camiseta negra, unos jeans azules y unas zapatillas converse azules.  Su cabello es rubio y sus ojos son tan azules que cuando sale de día necesita llevar puestos unos lentes negros. Camina lentamente por los pabellones de la universidad acomodando de vez en cuando su mochila, las muchachas mayores o menores voltean sutilmente cuando él pasa por su lado, Renato llama la atención de las chicas e inclusive de los muchachos, es oportunamente simpático, su seriedad natural es permanente cuando saluda a todos sus amigos,  se va rápido de clases, estudia lo necesario, hace lo necesario, nunca más nunca menos, es alumno promedio. Se sienta en la parte de final del salón de clases, se saca sus lentes y con una de sus manos se rasca los ojos como si recién se despertara de una larga y reparadora siesta. Hay algo en su mirada que dice más que su perfección física, algo de un mortal y simple humano, de vacío y tristeza para un muchacho de su edad. Escucha atentamente la clase del nuevo profesor de bigote y en el receso una chica de cabellos largos y de vestimenta inquietante se acerca a él pidiéndole si le puede prestar un lápiz y si le puede prestar el libro original del profesor de bigote. Renato la mira y le frunce el ceño de una manera burlona diciéndole: claro, toma aquí está, me lo das mañana. Se levanta de la carpeta y coge su mochila. Renato se va apresurado sin que nada que le importase y camina apresurado hacia la puerta. Esta exhausto emocionalmente. Renato camina apresurado y casi corriendo por la universidad, su respiración es agitada, se siente raro, le da ganas de irse a casa, solo de ir a casa, desea encontrar esa carta, volverse loco en el intento o no hacer nada, la idea de encontrar esa preciada hoja de papel se convierte en algo más que una salvación para  él. Entonces pasa, las coincidencias de la vida. Una muchacha con audífonos canta desprevenida, Renato necesita salir de la universidad, avanzan rápido, no se dan cuenta de la vuelta y de los choques permanentes que hay en esa curva donde la mayoría de gente que pasa se da codazos y se dicen sorry. Renato pasa y da un codazo tan fuerte a la muchacha desprevenida con audífonos que escucha rápidamente un: aaaaaauuuuuu que te pasa, ¿no te das cuenta que hay que ser más cuidadoso? . No se da cuenta que es Carolina, ella recoge el iPod del suelo y verifica la pantalla. Renato voltea rápido, está molesto y angustiado. Mientras él trata de ver si ella está bien, Carolina levanta el rostro para ver quién es el distraído que se cree el dueño de los pabellones de la universidad, y Renato a punto de responderle, se queda quieto y por unos segundos solo por unos segundos el rostro de esa muchacha también distraída lo ha hipnotizado, sin maquillaje, natural, desprevenida, y con algunos de sus cabellos enredados con el cierre de su bolso.  Carolina reniega y empieza a hablar sola. Suspira tirada en el suelo y cierra levemente los ojos como deseando que ese episodio no hubiera sucedido. Renato coge su mano y la ayuda a levantarse. Algo en el rostro de esa muchacha natural ha llamado su atención, siente que la conoce, que la conoce mucho incluso de antes. Renato piensa en la carta y se da cuenta que tiene al frente a Carolina, su novia de toda la vida. Carolina se queda atónita. Hay una lágrima que cae improvisada y solo se arremete a decir: Siento lo de tu papá, tengo algo que rompiste esa noche y lo tiraste al suelo. Renato lleva a Carolina a una de las bancas, se olvidan del resto de miradas curiosas a su alrededor, le dice: han pasado cuatro meses, no puedo vivir tranquilo sin saber lo que él me quería decir, son palabras y palabras vitales para saber que algo no hice mal. Carolina lo abraza y saca algo de unos de sus cuadernos, está en un sobre muy cuidado y se lo da a sus manos, mientras le dice: no te desaparezcas así, todavía hay personas que te necesitamos.  Renato tiene en sus manos la hoja más preciada, las palabras más importantes y piensa que el destino y las casualidades de la vida son tan bizarros que ya ha recuperado milagrosamente a dos cosas oportunas en su vida. Piensa que a veces los regalos de navidad no solo suceden en diciembre sino que a veces también se dan a plena luz de fines de marzo y que hay alguien más grande que él, que Carolina, que sus padres, alguien más fuerte y más sabio.  Y que simultáneamente puede contarle esta historia a una de sus amigas, una  que escribe en este pequeño espacio, para trasmitir que la vida es única y es ahora o nunca, para creer que la realidad siempre superará a la ficción, para saber que mientras menos lo esperas también hay episodios en nuestras vidas que merecen ser contados no solo con palabras sino atreves de una conversación y siempre sabiendo que alguien nos da una segunda oportunidad para sentir que esa persona que ya se ha ido de nuestras vidas nos puede regalar unas palabras más o algún episodio surrealista como el de mi buen amigo Renato.