domingo, 18 de mayo de 2014

La vitalidad de recordar.


Las mañanas son soleadas cuando nuestros recuerdos  no son solo una estrella fugaz que pasa y se queda atascada en nuestros días, sino por lo contrario, es una motivación para ser cada día mejores. En el año 2010 un buen grupo de muchachos y muchachas nos encontramos en un ambiente nuevo, rodeados por ese ambiente que  tanto pronunciamos: universidad, compartiendo de alguna u otra manera expectativas para ser grandes profesionales, cultivando nuestros aprendizajes diarios con conocimientos que nuestros profesores nos proporcionan a diario. Ha pasado tiempo desde entonces,  y ahora estamos en camino de lograr lo siguiente: sueños, metas, estudios, vivencias y vida. Continuando por ese largo camino que consiste en aprendizajes diarios, en seguir y no desmayar por cada uno de nuestros sueños.

Los días entonces se vuelven más atractivos,  ya que estudiar Psicología, es una carrera que nos hace más humanos, más empáticos, más simpáticos, más pacientes y nos hace mirar situaciones de cerca, un poco de cerca.  Las enseñanzas y el compañerismo no solo nos hacen compañeros de carpeta y más adelante colegas, sino también amigos, con los cuales podemos compartir ideas, anécdotas, recuerdos. Tolstoi decía: Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios. Nosotros lo hemos visto en cada una de nuestras prácticas y estudios, porque en una de las conclusiones esta que: uno dice  más con los hechos que con las palabras. Ayudar entonces significa mucho más de lo que creemos, solo tenemos que ver un poco más de cerca.

Cada momento que pasamos juntos, no solo forma parte de esa estrella fugaz sino también de un valioso y autentico recuerdo, un momento imborrable. Hay luces, hay decisiones, hay estudios más adelante, hay viajes, hay sueños y metas por cumplir y sobretodo amistad. Gracias chicos de quinto año porque en lo personal,  he compartido momentos imborrables como los de hoy y como los de antes, que hacen que se forme una sutil sonrisa y crea profundamente que el tiempo que hemos pasado juntos y el de cada uno de las promociones de la universidad,  es genial y nos llevara a cosas geniales y a momentos imborrables.



sábado, 12 de abril de 2014

Te puede suceder hoy





Renato es un muchacho de diecinueve años poco convencional, aficionado al deporte de aventura, lector voraz, sencillo y apasionado por hacer dibujitos a todas horas.  Lleva puesta una camiseta negra, unos jeans azules y unas zapatillas converse azules.  Su cabello es rubio y sus ojos son tan azules que cuando sale de día necesita llevar puestos unos lentes negros. Camina lentamente por los pabellones de la universidad acomodando de vez en cuando su mochila, las muchachas mayores o menores voltean sutilmente cuando él pasa por su lado, Renato llama la atención de las chicas e inclusive de los muchachos, es oportunamente simpático, su seriedad natural es permanente cuando saluda a todos sus amigos,  se va rápido de clases, estudia lo necesario, hace lo necesario, nunca más nunca menos, es alumno promedio. Se sienta en la parte de final del salón de clases, se saca sus lentes y con una de sus manos se rasca los ojos como si recién se despertara de una larga y reparadora siesta. Hay algo en su mirada que dice más que su perfección física, algo de un mortal y simple humano, de vacío y tristeza para un muchacho de su edad. Escucha atentamente la clase del nuevo profesor de bigote y en el receso una chica de cabellos largos y de vestimenta inquietante se acerca a él pidiéndole si le puede prestar un lápiz y si le puede prestar el libro original del profesor de bigote. Renato la mira y le frunce el ceño de una manera burlona diciéndole: claro, toma aquí está, me lo das mañana. Se levanta de la carpeta y coge su mochila. Renato se va apresurado sin que nada que le importase y camina apresurado hacia la puerta. Esta exhausto emocionalmente. Renato camina apresurado y casi corriendo por la universidad, su respiración es agitada, se siente raro, le da ganas de irse a casa, solo de ir a casa, desea encontrar esa carta, volverse loco en el intento o no hacer nada, la idea de encontrar esa preciada hoja de papel se convierte en algo más que una salvación para  él. Entonces pasa, las coincidencias de la vida. Una muchacha con audífonos canta desprevenida, Renato necesita salir de la universidad, avanzan rápido, no se dan cuenta de la vuelta y de los choques permanentes que hay en esa curva donde la mayoría de gente que pasa se da codazos y se dicen sorry. Renato pasa y da un codazo tan fuerte a la muchacha desprevenida con audífonos que escucha rápidamente un: aaaaaauuuuuu que te pasa, ¿no te das cuenta que hay que ser más cuidadoso? . No se da cuenta que es Carolina, ella recoge el iPod del suelo y verifica la pantalla. Renato voltea rápido, está molesto y angustiado. Mientras él trata de ver si ella está bien, Carolina levanta el rostro para ver quién es el distraído que se cree el dueño de los pabellones de la universidad, y Renato a punto de responderle, se queda quieto y por unos segundos solo por unos segundos el rostro de esa muchacha también distraída lo ha hipnotizado, sin maquillaje, natural, desprevenida, y con algunos de sus cabellos enredados con el cierre de su bolso.  Carolina reniega y empieza a hablar sola. Suspira tirada en el suelo y cierra levemente los ojos como deseando que ese episodio no hubiera sucedido. Renato coge su mano y la ayuda a levantarse. Algo en el rostro de esa muchacha natural ha llamado su atención, siente que la conoce, que la conoce mucho incluso de antes. Renato piensa en la carta y se da cuenta que tiene al frente a Carolina, su novia de toda la vida. Carolina se queda atónita. Hay una lágrima que cae improvisada y solo se arremete a decir: Siento lo de tu papá, tengo algo que rompiste esa noche y lo tiraste al suelo. Renato lleva a Carolina a una de las bancas, se olvidan del resto de miradas curiosas a su alrededor, le dice: han pasado cuatro meses, no puedo vivir tranquilo sin saber lo que él me quería decir, son palabras y palabras vitales para saber que algo no hice mal. Carolina lo abraza y saca algo de unos de sus cuadernos, está en un sobre muy cuidado y se lo da a sus manos, mientras le dice: no te desaparezcas así, todavía hay personas que te necesitamos.  Renato tiene en sus manos la hoja más preciada, las palabras más importantes y piensa que el destino y las casualidades de la vida son tan bizarros que ya ha recuperado milagrosamente a dos cosas oportunas en su vida. Piensa que a veces los regalos de navidad no solo suceden en diciembre sino que a veces también se dan a plena luz de fines de marzo y que hay alguien más grande que él, que Carolina, que sus padres, alguien más fuerte y más sabio.  Y que simultáneamente puede contarle esta historia a una de sus amigas, una  que escribe en este pequeño espacio, para trasmitir que la vida es única y es ahora o nunca, para creer que la realidad siempre superará a la ficción, para saber que mientras menos lo esperas también hay episodios en nuestras vidas que merecen ser contados no solo con palabras sino atreves de una conversación y siempre sabiendo que alguien nos da una segunda oportunidad para sentir que esa persona que ya se ha ido de nuestras vidas nos puede regalar unas palabras más o algún episodio surrealista como el de mi buen amigo Renato.


martes, 5 de noviembre de 2013

"La elegancia y la forma de expresarse"




“Hablar bien, disponer de una habla rica y diversa,
encontrar la expresión adecuada para cada idea
 o emoción que se quiere comunicar,
significa estar mejor preparado para pensar,
aprender, dialogar, y también, para fantasear,
soñar, sentir y emocionarse.”
Mario Vargas Llosa – La literatura y la vida.

El reto empieza cuando  cambies un “k” por un: que, un “x” por un: por. La lectura solo podrá hacerlo. Cuando las palabras empiecen a florecer en la extraordinaria conversación ya sea por el tan popular medio del “whatsApp” o “chat” intenta desafiar a ese lenguaje tan poco elegante y sin mucha coherencia, no por el hecho de ahorrar tiempo, sino por el hecho de actitud, elegancia, y decencia.

Las palabras son el arte de expresarse, el medio por el cual queremos expresar nuestras ideas, y de sobretodo comunicarnos. Me entristece, que muchos de nosotros en algún momento hayamos utilizado términos completamente degenerantes, poco elegantes cuando no es necesario. Las palabras cuyos términos dicen más de lo necesario, y se utilizan como una tendencia  a la moda y que muchas veces, muchas personas no saben exactamente cuál es su significado. El recurrente problema es utilizar esos términos que aparentemente están de moda y se utiliza por  un tipo de lenguaje estrictamente difícil de comprender, y se tiene que tener casi un diccionario para comprender aquellos términos sumamente degenerantes.  No pondré específicamente las palabras que últimamente se utilizan. Por qué caería en ese exceso de poca elegancia e insuficientes vocablos con los cuales no creo y no deseo expresarme.

Esos llamados insultos sumamente maquiavélicos que se utiliza por repulsión hacia una persona, y se deslizan por la lengua de muchas personas en una discoteca, bar, universidad, baño, etc no por evidente maldad, sino por la insuficiente información del significado de aquel vocablo que provoca hacia la otra persona que es el receptora a sentirse cohibido y muchas veces con miedo a tal variedad de palabras totalmente degenerantes en la lengua de tal individuo que solamente lo dijo porque “está de moda y no hay otra manera de decirlo” o es “popular”. Respira, respira hondo. Y tranquilízate. Piensa en la forma de expresarte. Piensa en la actitud, en la elegancia, y  la coherencia con la cual debes expresarte. Y no por el  hecho a lo que piense la gente de ti, porque uno no puede controlar comentarios, sino por identidad, inteligencia y armonía y ante todo respeto contigo y otros.

No se podría cambiar de la noche a la mañana un programa de televisión chatarra por un libro. Es difícil. Es arduo. Por eso existe la responsabilidad y el cambio que empieza por ti y solo por ti. Sé esa clase de diferencia que necesita nuestro país, nuestra universidad, tu clase, tu grupo de amigos,  esa clase de diferencia que te haga culturizado, civilizado, elegante, respetuoso, y coherente.

Un buen profesor mío dijo en clases: el nivel de inteligencia que uno tiene en este tiempo es por la cantidad de palabras que uno utiliza en su vida. Tener aquellas palabras raras, hablar con propiedad, extender tus perspectivas, conocer otras culturas solo de por la lectura. ¡Vamos! Abrir un libro ya sea de filosofía o de plena literatura no solo te cambia la perspectiva sino te cambia la vida.